BEATO ROMERO. ROMA ESTUDIA EL MILAGRO. Después de tres intentos infructuosos, el postulador salvadoreño Urrutia está convencido de que el cuarto puede ser aprobado

En la cripta de Romero, en San Salvador. En el recuadro, Rafael Urrutia
En la cripta de Romero, en San Salvador. En el recuadro, Rafael Urrutia

Las noticias no faltan. En la calurosa oficina de la parroquia “Beato Romero”, a pocos metros de la pequeña capilla donde “Monseñor” fue asesinado, Rafael Urrutia, postulador de Romero y ahora también de Rutilio Grande, las deja caer con cuentagotas: la documentación del cuarto milagro atribuible a Romero se encuentra en Roma desde hace tres semanas; otros dos casos posibles, uno de Ecuador y otro de México están siendo estudiados aquí en El Salvador; la causa de Rutilio Grande también está en Roma y el 22 de noviembre se realizará la apertura formal ante la Congregación para la causa de los santos.

¿Entonces dentro de poco tiempo Romero será santo?

Si se aprueba el milagro.

¿Cómo están realmente las cosas?

El año pasado, en octubre, enviamos a Roma tres casos de presuntos milagros…

¿Los que recibió el postulador Mons. Vincenzo Paglia y no fueron presentados ante la Congregación para la causa de los santos para evitar que fueran rechazados?

Si, no entró ninguno de los tres. Ahora mandamos material sobre un cuarto presunto milagro…

¿Cuándo?

Monseñor Paglia lo recibió hace tres semanas [es decir a principios de octubre].

¿Es algo de peso?

No puedo hablar sobre eso porque revelaría cosas que todavía no han sido ni aceptadas ni aprobadas. Pero tenemos esperanzas de que esta vez resulte bien. Dos médicos que hemos consultado consideran que sí, que es un hecho inexplicable para la ciencia médica.

¿Hay alguna otra cosa en sus cajones?

Hemos recibido material sobre un caso de Ecuador y otro de México y los estamos estudiando.

La gente que tiene curaciones o fenómenos “milagrosos” que atribuyen a la intercesión del beato Romero, ¿a quién se debe dirigir?

A la Oficina de canonizaciones del arzobispado de San Salvador. Allí recibimos las presentaciones, las registramos, las verificamos, las consultamos con médicos, que a su vez pueden requerir ulteriores elementos que consideran necesarios para hacer una evaluación más completa.

Desde mayo del año pasado, cuando se realizó la beatificación de Romero, ¿cuántas personas se presentaron para señalar eventos?

Cerca de diez.

¿Ha cambiado algo desde la beatificación de monseñor Romero, hace un año y medio? Me refiero a la fama de santidad de Romero. Sabemos que así como hay mucha gente que se alegró por ello, también hay gente crítica que no acepta a Romero. ¿Esos críticos ha cambiado de opinión?

La gran mayoría del pueblo pobre, de condición humilde, aceptó la beatificación con fervor y alegría. Otros, los críticos, mantienen una actitud ideológica contraria, aunque en diferentes grados. El Salvador es un país que tiene una historia fuertemente polarizada en el sentido político. Muchos que no aceptan a Romero o que son recalcitrantes, pertenecen a la derecha política y siguen rechazándolo por razones políticas.

¿Pero ese tipo de gente va disminuyendo?

Gradualmente. Cuando más comprenden que hay razones válidas para querer cambiar hoy este país, también comprenden mejor a monseñor Romero. Hoy Romero diría las mismas cosas que decía hace cuarenta años.

Es una afirmación fuerte. Han pasado treinta y seis años desde su muerte a manos de la derecha, y el gobierno es expresión de la antigua guerrilla…

Hoy Romero seguiría invitando a la conversión, a la justicia, a respetar la vida…

¿No cree que Romero tiene cada vez más un dimensión universal? Sin duda es cada vez más un santo latinoamericano…

Así es. Nosotros tenemos la misma percepción. Paradójicamente donde resulta más difícil difundir la figura de monseñor Romero es en El Salvador…

Se confirma el dicho evangélico de que nadie es profeta en su patria…

Piense que la parroquia donde estamos se llamaba “Resurrección”. A partir del 24 de marzo de 2016, como es la parroquia donde se encuentra el Hospital de la Divina Providencia y la capilla donde fue asesinado Romero, se decidió cambiar el nombre y llamarla “Beato Oscar Romero”. Eso provocó que disminuyera la población católica de la parroquia.

¿En serio?

Sobre todo de movimientos apostólicos. Poco a poco estamos recuperando a los que se alejaron, pero es así.

Falta poco menos de un año para el centenario del nacimiento de monseñor Romero. ¿Cuáles son los aspectos centrales de las celebraciones preparatorias?

Las múltiples actividades tienen tres ejes fundamentales: Romero como hombre de Dios, como pastor y como mártir que dio la vida por sus ovejas, por el pueblo. En estas tres direcciones estamos llevando a cabo una campaña capilar en las parroquias. Aunque no tiene la misma intensidad en todas partes. En las parroquias de la periferia y en las más populares, marcha bien, pero en las parroquias de clase media hay resistencias, es más difícil.

¿Pensar que el Papa puede celebrar en El Salvador la canonización de Romero y la beatificación de Rutilio Grande es solo un escenario de ciencia ficción?

Es la gran esperanza de la Iglesia de El Salvador. Entre tanto, el 16 de agosto hemos celebrado la sesión de clausura del proceso diocesano de Rutilio Grande y las actas ya se enviaron al Vaticano. Acaba de llegar una carta del postulador general de los jesuitas donde nos dice que ha recibido – el 14 de octubre – las actas del proceso diocesano y ha solicitado una fecha para la apertura…

¿Y ya se ha fijado?

Sí, el 22 de noviembre, ante la Congregación para la causa de los santos…

¿Y la causa de Rutilio Grande es sólida?

Muy sólida. Ahora estamos tratando de difundir, de dar a conocer la figura de Rutilio Grande. Romero ha crecido tanto que ha dejado en la sombra a Rutilio…

Pero él le abrió el camino a los altares…

Sí, le abrió el camino. El Papa tiene razón cuando dice que el milagro de Rutilio Grande es Oscar Romero. Sin Rutilio no hubiera podido ser Romero.

Falta Arturo Rivera y Damas, salesiano, sucesor y gran amigo de Romero, que en las votaciones internas de la Conferencia Episcopal salvadoreña siempre se alineaba con él y que puso en marcha la causa de beatificación de Romero…

Lo veo como “confesor de la fe”. Rivera y Damas es un hombre santo, bueno, que no llegó al martirio.

Usted dijo que Rivera y Damas es una figura que merece más atención de la que ha recibido.

Yo quise mucho a Romero y él me quiso a mí, pero en el corazón tengo a Rivera y Damas.

¿Le gustaría que le encargaran la causa de beatificación de Rivera y Damas?

Muchísimo… Trabajaría en ella con inmenso placer.

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