CUBA; ENRIQUECERSE CON LA BASURA. El reciclaje se está convirtiendo en una actividad de pequeñas empresas privadas. El apoyo de la Iglesia

Reciclando en Cuba (Fotografía Jorge Luís Baños/IPS)
Reciclando en Cuba (Fotografía Jorge Luís Baños/IPS)

por Alver Metalli

 

Un hombre hurgando en la basura. Una escena inédita en Cuba, aunque no significa necesariamente lo que sugiere a primera vista: abandono y pobreza. Porque “Pitusa”, nombre artístico del hombre de la fotografía, en realidad es un reciclador, un “pepenador” que trabaja para la cooperativa San José de las Lajas, en la provincia de Mayabeque, una de las muchas que surgieron en Cuba a raíz de la reforma económica que implementó Raúl Castro en 2011 con el propósito de introducir, en actividades tradicionalmente públicas y controladas por el partido comunista y sus afiliados, una bocanada de libre iniciativa.

La recolección y reciclaje de deshechos es uno de los sectores donde se ha lanzado una nueva y pequeña clase empresarial. En este momento hay cerca de 5800 “recuperadores” con permiso de “cuentapropistas”, término que designa a los trabajadores que han comenzado una actividad independiente con capital propio.

El gobierno cubano permitió que estas cooperativas constituidas ad hoc se ocuparan de la recolección de basura de los 168 municipios de la isla, entre otras razones porque no cuenta con los medios para llegar con el servicio hasta la puerta de casa de todos los ciudadanos.

La contadora de una de estas cooperativas, Eida Pérez, de 39 años, declara inocentemente que en dos meses contabilizó utilidades por un valor de 14.750 dólares, cuando el salario promedio de un trabajador cubano no supera los 20 dólares. «Hace tres años no hubiera imaginado que pudiera abrirse esta posibilidad», afirma. «Hemos aumentado los productos recuperados y en este momento podemos decir que somos más eficientes que las empresas estatales».

Las cosas están yendo bien para la cooperativa y sus asociados. «Trabajamos con efectivo, podemos pagar mejor los productos que recogemos, mantener en buenas condiciones los camiones para la recolección y contratar a otros trabajadores independientes». Pérez y los socios de la cooperativa que lleva el nombre del padre de Jesús, estiman que cerrarán el año con un buen margen de ganancias. «De los productos que recogemos obtenemos un 50 % de diferencia». Con una nota de orgullo señalan que ya han pagado, con solo dos meses de trabajo, el préstamo de 5,400 dólares con el que comenzaron la actividad.

Se debe tener en cuenta que, al principio, la mayor parte de las nuevas cooperativas que nacieron en Cuba fueron creadas “desde arriba”, y después transfirieron a privados (generalmente empleados) una actividad de la que ya se ocupaba el estado. «Un mal punto de partida», comenta un economista que prefiere no ser identificado y considera que la iniciativa debería ser fruto de «la voluntad individual». Después las cosas cambiaron y las cooperativas empezaron a nacer “desde abajo”. Como la San José. Con un doble beneficio, señalan los mismos trabajadores: aumenta el volumen de residuos reciclables que irán a los depósitos del estado y mejora, además, el impacto ambiental.

En Cuba hay 986 depósitos que, según las cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información, en 2012 recibieron 5,33 millones de toneladas de deshechos. También en 2012 se recuperaron 4200.000 toneladas de acero, hierro fundido, plomo, bronce, aluminio, cartón, recipientes de plástico y vidrio, y artículos electrónicos. Los productos fueron vendidos a industrias nacionales con un ahorro que, si hubieran debido importarlos, el gobierno calcula alrededor de 120 millones de dólares.

La Iglesia cubana se movilizó para apoyar esta tímida apertura económica y puso en marcha cursos de formación para “cuentapropistas”. Hay dos proyectos que dependen de la Compañía de Jesús y de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle), mientras un tercer proyecto depende directamente de la Arquidiócesis de La Habana.

«Todavía hay muchas incertidumbres sobre el futuro de la reforma –escribe Espacio Laical, órgano que responde al cardenal Ortega y Alamino–, pero parece clara una tendencia a graduales y continuas trasformaciones que están impulsando el sistema hacia metas desconocidas para la mayoría de los cubanos nacidos después del triunfo de la revolución». Aunque cualquier pronóstico sobre Cuba debe ser muy cauto, «todo sugiere que en este caso hay una voluntad firme de reforma, por lo menos menos en las autoridades cubanas que rodean a Raúl Castro», afirma la revista, que se declara optimista con respecto al futuro: «No parece que el proceso pueda revertirse, aunque se produjeran algunas correcciones».

Vatican Insider

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