La actividad social de la Iglesia Católica brasileña siempre ha sido un tema de discusión dentro y fuera del ámbito extrictamente religioso. Al haberse dedicado la Campaña de la Fraternidad 2015 a la relación Iglesia-Sociedad se vuelve a plantear el debate sobre cómo actuar, rescatando antiguos principios y actualizando otros a la luz de la nueva realidad social. El tema ha sido tratado, específicamente, por la revista brasileña del movimiento de los Focolares, Cidade Nova, en su último número, y el artículo presenta un abanico de posiciones que merece una reflexión. En primer lugar, el padre Alexandre Nahass Franco, asesor espiritual del Consejo Nacional de los Vicentinos, afirma que hoy resulta necesario un crecimiento de consciencia, “que busca romper el ciclo de la pobreza a partir de sus causas y que capacita al pobre para ser agente responsable de su propio destino”. El sacerdote pone de relieve que el gran desafío, no solo para su orden sino para toda la Iglesia Católica, es “superar una visión asistencialista de la pobreza”, y afirma que la acción social no depende solo de la Iglesia, sino también del Estado: “La Iglesia puede ser lugar de anuncio y denuncia de todo lo que puede herir la dignidad de las personas, sobre todo de aquellas privadas de sus derechos humanos”. El religioso brasileño recuerda también que “es necesario conquistar políticas sociales (públicas) que garanticen una vida digna para los pobres, lo que significa construir caminos para la construcción de la ciudadanía”.
Murilo Krieger, arzobispo de Salvador (BA), puntualiza que no le corresponde a la Iglesia ocupar el lugar del Estado, cuya misión es hacer más justa la sociedad, sino que la Iglesia es “consciente de ser una de las fuerzas vivas de la sociedad (…) e incluso en una sociedad que llegara a ser justa, las obras de caridad seguirían siendo necesarias”. El obispo ejemplifica luego la importancia del rol de la Iglesia en la sociedad haciendo notar que si la Iglesia Católica se fuera de África, el 60% de las escuelas y de los hospitales deberían cerrar sus puertas.
Sueli Aparecida da Silva, socióloga y coordinadora nacional de la Pastoral de la Mujer Marginada, trabaja desde hace 15 años con mujeres en situación de prostitución y observa en las mismas páginas que, con la elección del Papa Francisco, la actividad social está resurgiendo con una mirada más atenta a la realidad. “Todavía hay un largo camino por recorrer, pero parece que hay un despertar, se está empezando a percibir que la Iglesia necesita avanzar más en la actividad social y hacerse cargo de lo que ha descuidado durante demasiado tiempoque es la cuestión de los pobres, las cuestiones sociales”, afirma. Por otra parte, tres días después de su elección, el Papa Francisco expresó el deseo de ver “una Iglesia pobre para los pobres”. En la exhortación apostólica Evangelii Gaudium Francisco dedicó un amplio espacio a la inclusión social de los pobres y al rol de los cristianos para “construir puentes, estrechar lazos y ayudarnos mutuamente”. Y en el mismo documento el Papa afirma la preferencia por “una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle”.

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