Nadie sabe cuántos quedan. Muchos de ellos ya bajaron de las montañas, entregaron las armas y volvieron con la familia que habían abandonado, voluntariamente o no. Otros todavía están allí, expuestos al peligro precisamente cuando el conflicto está por terminar. Pero en este momento se habla de ellos, de los menores reclutados por la guerrilla o que huyeron de los poblados para escapar de las represalias de los grupos paramilitares o de las ofensivas del ejército.
En las negociaciones que se están llevando a cabo en La Habana también se discute sobre el futuro de los niños-soldados, mientras en Colombia una asociación de familias pide que les permitan volver cuanto antes a sus hogares.
Al finalizar el encuentro anual de las 33 delegaciones regionales del Instituto colombiano de bienestar familiar, se ha suscrito y presentado a las FARC una petición “para que restituyan inmediatamente al Instituto los niños, las niñas y los adolescentes reclutados, para que puedan volver a sus hogares”.

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