LA COLA DEL DIABLO. 31 preguntas de los niños al Papa, 31 respuestas. Todo en el nuevo libro “El amor antes del mundo”

Foto Famiglia Cristiana
Foto Famiglia Cristiana

“Querido Papa Francisco, si Dios nos ama tanto y no quiere que suframos, ¿por qué no derrotó al diablo?”. Alejandra, peruana de 9 años, va directo al corazón del problema, y acompaña su pregunta con un dibujo donde un angelito lucha contra el demonio armados con espada y tridente. “Querida Alejandra, Dios ya venció al diablo en la cruz. El diablo es un derrotado, pero le pasa como a los dragones grandes y espantosos cuando los derrotan y los matan: tienen una cola muy larga y aunque estén muertos y derrotados, siguen dando coletazos…”. El Papa usa una imagen fuerte y eficaz para responder la comprometedora aunque clarísima pregunta de la pequeña peruana, que seguramente no tiene idea de que los teólogos debaten ese tema desde hace muchos siglos. Lo único que ella sabe es que necesita una respuesta igualmente clara y concreta. Por eso las preguntas también hacen mucho bien a los adultos, y el Papa Francisco está tan convencido de eso que aceptó responder en un libro los interrogantes de los más pequeños.

“El amor antes del mundo” (“L’amore prima del mondo” ) es el título editado por Rizzoli en italiano que Loyola Press presentó en español como “Querido Papa Francisco”. Recoge 31 preguntas de niños de todo el mundo y las 31 respuestas del Santo Padre. Los protagonistas del diálogo a la distancia con el Papa -una idea original de Loyola Press, la casa editorial americana de los Jesuitas- son pequeños alumnos de las escuelas de la Compañía de Jesús de los cinco continentes. Al padre Antonio Spadaro, director de Civiltà Cattolica, le tocó la agradable tarea de seleccionar las cartas y presentarle las preguntas a Francisco.

“Las preguntas más difíciles que me han hecho no fueron de mis profesores en los exámenes, sino las que me hicieron los chicos. Contestar una pregunta de un chico a uno lo pone en dificultad, porque el chico tiene algo que ve lo esencial y lo pregunta directamente, y eso produce un efecto de maduración interior en quien escucha la pregunta. O sea, los chicos hacen madurar a los grandes con sus preguntas”, contó el Papa el 22 de febrero pasado, cuando recibió en el Vaticano algunos pequeños entrevistadores. Por eso todas las preguntas se toman en serio, desde las que son “teológicas” hasta las que se refieren a la vida o los gustos cotidianos del Papa Bergoglio.

La pregunta más “filosófica” es de Ryan, un canadiense de ocho años: “¿Qué hacía Dios antes de crear el mundo”. “Antes de crear Dios amaba”, sintetiza el Papa. “Dios ama siempre. Dios ha comenzado a hacer algo cuando creó el mundo, que es expresión del amor de Dios. Pero antes de hacer cualquier cosa Dios amaba, porque Dios es Amor”. A Wing, un niño chino que está interesado en saber por qué al Papa le gusta el fútbol, Francisco le confiesa que nunca fue muy bueno para jugar, pero se apasiona cuando ve los partidos porque “se juega bien al fútbol cuando se hace juego de equipo y se busca el bien de todos sin pensar en el bien personal o en hacerse ver. Así debería ser también en la Iglesia”. Prajla, albanesa, le pregunta al Papa si le gustaba bailar cuando era chico. -”¡Me encantaba! Me gustaba estar con otros niños, jugar, ir por ahí y bailar nuestras danzas típicas de argentinas. Y el tango”. El Papa explica que bailar es expresar la alegría, la felicidad. “Hasta el gran rey David, cuando tomó Jerusalén, convirtiéndola en la Ciudad Santa, hizo que transportaran solemnemente el Arca de la Alianza y se puso a bailar en frente de ella. ¡No se preocupó por las formalidades, se le olvidó que tenía que portarse como un rey y se puso a bailar como un chico! Pero Micol, su esposa, al verlo desde la ventana bailando y saltando, se burló de él y lo despreció en su corazón. Esta mujer estaba enferma de seriedad, yo le digo el ‘síndrome de Micol’”.

Desde Singapur, Faith quiere saber en cambio por qué el Papa necesita ese sombrero alto. Francisco le explica que hace juego con su ropa. “Yo tengo mi sombrero alto y tú tienes el cabello suelto. Estamos mano a mano. Me alegro de eso. Mi sombrero alto es el símbolo de los obispos. Me lo pongo en algunas ocasiones especiales. De vez en cuando lo cambio, pero me gusta mucho el que tenía en Buenos Aires”. Tom, de nacionalidad inglesa, es mucho más incisivo y le pregunta al Papa cuál fue la decisión más difícil que debió tomar. “Echar a alguien de una tarea de responsabilidad o de una posición de confianza porque no es apto”, responde con sinceridad. “Para mí alejar a una persona es, de verdad, muy difícil, me pone negro como me has pintado tú”.

 “Si tú pudieras hacer un milagro, ¿cuál sería?”, pregunta William. “Yo curaría a los niños” –reflexiona el Santo Padre. “Todavía no puedo entender bien por qué sufren los niños. Para mí es un misterio. (…) Mi respuesta al dolor de los niños es el silencio, o una palabra que nace de las lágrimas. No tengo miedo de llorar. No debes tener miedo tú tampoco”.

Torna alla Home Page